Por: Diana Castro Benetti
No importa si se es un recién llegado en la meditación, el silencio mental parece una imposibilidad incluso para los que llevan años practicando el arte de cerrar los ojos. Para nadie que conviva con preocupaciones, deseos y memorias, resulta fácil aplacar la tormenta de pensamientos que se forma en la pantalla imaginaria de la mente. El yoga propone algunas técnicas encaminadas a sentar las bases para una mente libre de ofusques, desilusiones repetidas y obsesiones irremediables.
Antar mouna significa "silencio interior", y es considerado en el yoga el perfecto ayuno para las indigestiones de veredictos, dictámenes y sentencias de una cultura parlanchina e indiscreta.
Como en un gran escenario interno, con los ojos cerrados y la espalda recta, observamos cómo cada uno de los pensamientos va desfilando sin ningún tipo de maquillaje. Sólo hay que dejarlos moverse tal y como vengan, sin forzarlos, sin rechazarlos, sin retenerlos. No hay que amarlos. No hay que odiarlos. Sólo dejar que sigan su curso cinco minutos por la mañana y, tal vez, otros cinco minutos por la noche, para observar, con curiosidad, cómo es que se comporta nuestra mente.
El antar mouna no es poner la mente en blanco; es el arte de estar tranquilamente sentados observando qué pensamos, cómo pensamos, sin juicios ni críticas. Tampoco apunta al cambio total de una vida aunque sí pretende desarrollar la práctica de la adaptación suave a lo que somos.
Es el primer paso para aprender a ir más allá de los pensamientos y es reírse con desfachatez de los pensamientos obsesivos. El antar mouna es el arte de dar en el blanco alejando los pensamientos inútiles que, para no entrar en detalles, pueden ir desde las críticas a los vecinos hasta el obligado arrepentimiento por todo lo que no dijimos. Una aplicación yóguica del clásico refrán, que dice que lo que no sirve que no estorbe.
Sin duda, el yoga busca la excelencia en cada acto y considera que a mayor observación, mayor descanso, mayor eficiencia. Una mente cansada es una mente poco creativa, poco eficaz, poco segura de sí misma, disminuye la concentración y multiplica los errores en lugar de corregirlos. Nadie quiere una mente lenta, pesada o incoherente. La brillantez de las ideas, el eureka de los genios, se encuentra, según el yoga, en la ligereza de la mente, libre de inutilidades diarias, y, por qué no decirlo, en esos extraños baches entre pensamiento y pensamiento.
Antar mouna, el silencio interior, nos muestra verdades y mentiras, nos quita el insomnio, el cansancio crónico, y nos dice a gritos que es necesario deshacernos de los pensamientos pasados de moda o de todas esas rabias, complejos, indignaciones y molestias que nos hacen zancadilla.
Es una sana burla a nuestro mundo exterior. Es una buena vía para una conciencia tranquila antes de dormir.
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